viernes, 27 de abril de 2007

LA VERDAD… O LOS APLAUSOS

Concepción Aguilar Yáñez

En nuestro país hemos estado escuchando en los últimos años el tema de la enseñanza de los valores, los valores en la familia, en la escuela, en la comunidad, en los medios de comunicación.
Los programas en la educación se han modificado y se han agregado materias relacionadas con la enseñanza de valores, en ocasiones escuchamos el mes del respeto, de la honestidad, de la dignidad, y se establecen estrategias de enseñanza aprendizaje que le permitan al niño la apropiación de los valores.
Sería bueno preguntarnos si realmente las estrategias de enseñanza aprendizaje han sido las más adecuadas, ya que los valores que se captan como conceptos impuestos, solo quedan en la imposición pero no en la apropiación.
Dice Raúl Gutiérrez Sáenz: “Los únicos valores que pueden servir como pauta para la motivación son los valores previamente asimilados, en forma consciente. Cuando una persona ha descubierto un valor, entonces se hace capaz de dirigir su conducta en función de ese valor, para abrazarlo mejor, conocerlo mejor, encarnarlo en su propia vida o realizar actos que de alguna manera lo reflejen’’.
Cuando se nos pregunta si somos honestos, justos, solidarios o respetuosos no dudamos en contestar afirmativamente, pero como docentes esa respuesta es muy comprometedora pues todavía representamos para la sociedad respeto y en muchos casos ejemplo a seguir.
Con base en lo anterior y si los valores se reflejan en los actos que realizamos es importante que en este momento en que al magisterio le han sido mutilados sus derechos por las altas cúpulas sindicales, la cámara de diputados y senadores, y el ejecutivo no permanezcamos inertes e indiferentes ante la falta de respeto a nuestra dignidad y a nuestra propia inteligencia. Es momento de demostrar a la sociedad en general que el docente es digno de respeto, honor y valentía, que nuestra voz es representativa, que no permitiremos la imposición, que la solidaridad y la unión hace la fuerza, que no permitiremos que líderes deshonestos y corruptos vendan nuestra dignidad y decoro.
La sociedad tiene los ojos puestos en el maestro de sus hijos, en quien lo educa, en quien le enseña esos valores que pregonan en los medios de comunicación, en quien deposita su confianza para que sus hijos aprendan a ser hombres reflexivos y críticos del contexto social económico y político que les tocará vivir.
No podemos defraudar esa esperanza puesta en cada uno de nosotros, no podemos ser un mal ejemplo, es hora del combate y nuestras armas son la solidaridad, la honestidad, la justicia, la constancia, la fidelidad, la lealtad a nuestra profesión y nuestro trabajo. Para triunfar es importante la resistencia.
Esos valores que hemos pregonado en el aula y las circunstancias de hoy nos dan la oportunidad de llevarlos a la práctica de manera conjunta en la búsqueda del bien común, poniéndonos a prueba ante la sociedad quien hoy nos evalúa.

En estos momentos es bueno recordar aquellas palabras sabias de Mahatma Gandhi:
“Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles”.

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